Oficialmente todavía no llega el invierno, pero aquí la nieve ya cae, el frio se hace notar y el café es cosa de todo el día. Los saludos se dan a través de guantes y los besos caen cerca de las bufandas. El cigarro ha regresado a mis manos y el amor se ha vuelvo melancólico, pacifico y monógamo, es decir, este invierno se ha vuelto como cualquier otro.
Lo que más me gusta del invierno son los maratones de películas, tirado en el sillón de mi departamento, con mil cobijas y un termo inmenso de chocolate caliente. Tampoco puedo olvidar esas caminatas románticas por Julian que solo se detienen para comer pie de manzana.
El invierno es lo mío, se siente como si hubiera regresado a casa. Entre el ambiente navideño y la sensación de esperanza, amor, familia y amistad. Me gustaría que no acabara, pero el final es la única forma de disfrutar el inicio. Dios mío, como extraño mis días en San Petersburgo.
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