Irónicamente es en lugares perdidos donde uno logra encontrarse y es en la tristeza y la soledad que uno entiende que no está solo y el proceso metódico para la felicidad. Yo soy de los que odia la espera pero también de los que no saben qué hacer cuando todo sucede rápido. De alguna forma he logrado vivir tanto en los últimos dos años que me he perdido de todo y ahora que me doy cuenta trato desesperadamente de compensar el tiempo perdido llegando a un fracaso tan anunciado como la muerte de la cual habla García Márquez.
Es momento de otro viaje, he pasado los últimos días en la ciudad que considero hogar y es momento de regresar a la ciudad que me considera parte de su sala y a veces de su comedor. He recordado por que aquí es mi hogar y por aquí no puedo lograr ser quien quiero ser. Es una ciudad que no solo me invita a repetir los mismos errores sino a disfrutarlos tantos que me cueste trabajo catalogarlos como errores, es una ciudad que me engaña con sus hologramas de realidad, con momentos que solo existen en un mundo paralelo que solo yo soy capaz de sentir y nadie más logra recordar. Es una ciudad que no distingue entre pobre y rico, entre bueno o malo, entre sobriedad y ebriedad, entre amor y pasión, es una ciudad que me confunde tanto que casi logra definir quién soy y que nunca deja de hacerlo. Aquí, en este hogar es donde logro fracasar en mis relaciones humanas, allá, en la otra ciudad es donde la ausencia total de contacto humano me hace experto en la naturaleza del mismo.
Las despedidas siempre me han parecido ridículas, una forma desesperada de expresar en un momento diminuto lo que no fue expresado durante bastante tiempo, también me parecen incomodas pero sobre todo me parecen necesarias, porque gracias a la distancia, al semi-olvido y al adiós es que he logrado mantener mis relaciones a largo plazo. Mi mas grande logro en mi vida ha sido lograr distinguir entre lo necesario y lo deseado.
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