El día es vigésimo octavo del mes, el mes es el noveno del año y el año no tengo la mas minima idea. Hoy estoy un poco perdido entre los pocos cigarros que me quedan por prender y la horrible nube de humo que me afecta la vista, sentado frente a una máquina de escribir, con hojas y hojas escritas sobre lo poco que recuerdo de ti, hojas llenas de errores y con unas cuantas lagrimas que le dan un toque personal. Tomo mi taza vacía y me sirvo otro trago del whisky que aquella mujer que ame me regalo hace ya bastante tiempo, misma mujer de la cual escribo en mis hojas sucias y viejas y en esta hoja que no pretende otra cosa que el desahogo involuntario, necesario y sin ningún efecto real en el corazón. Pareciera balbuceo todas estas palabras, este texto corto hecho más por necesidad que por gusto, pero no es así, no es diarrea verbal, es un texto que pretende contar una historia que yo no soy capaz ni siquiera de pensar, una historia que cualquier psicólogo podría considerar mi alter ego, tan ajeno a mí que no puedo vivir sin él.
Pero basta de hablar del contexto en cual nacen están letras negras con un fondo blanco. La historia como toda historia nace y muere a través de una mujer, la vida humana empieza en el vientre de una mujer, el cuerpo se nutre de sus pechos y el alma de sus abrazos que marcan de por vida a cualquier humano y diseñando hasta los detalles mas mínimos de una personalidad que nos acompañara durante el resto de nuestras vidas, y así sigue la vida hasta crecer, envejecer y buscar por el resto de la vida como hombre a una mujer que sea capaz de llenar ese gran vacío que solo ellas son capaces de entender.
Mi historia no es diferente a la de nadie más, se vuelve tan trivial que es lo que lo hace unica, la misma idea una y otra vez desde el inicio de la humanidad hasta el día de hoy, el hombre absolutamente perdido y desesperado por encontrarse en la mirada de mujer, en mi caso de una mujer que hace 189 días me abandono, hay quien podría argumentar que fue encontrar de su voluntad y estaría de acuerdo pero eso no justifica mi soledad, mi dolor, mi abandono, mi desesperación y mis ganas de cuestionarte a gritos y en medio de lagrimas el por qué se fue. La realidad es que no tengo nada que reclamar, aquella mujer cuyo color de piel, cabello y ojos convergían en un café claro no se fue, se la llevo algo que unos llaman destino, otros dios y yo llamo injusticia, en palabras claras y directas murió a una edad tan corta y en un momento equivocado. Se lo que sea o sea quien sea el responsable queda bastante claro que fue un error, una falla en el plan, un deficiencia en lo aleatorio de este mundo que lleva un curso sin sentido, y que honestamente nunca antes me había interesado entenderlo.
0 comments:
Post a Comment